Alambres intestinos

Sheep in Gaza, Palestine

Se fue la luz y la bóveda celeste cerró el chiringuito. Reinaba un murmullo ahogado y sostenido. La gente se había congregado en torno a las llamas titilantes de unas velas agrupadas sobre el suelo. La gelidez de una noche sin luna nos clavaba los colmillos. Los fantasmas que habitaban entre nosotros nos recitaban el silbido de las balas al oído. La madre del bebé que hasta hacía un instante había estado llorando desconsoladamente logró pacificarlo llevándoselo al pecho y el niño se puso a mamar con voracidad lo que esperaba que le saturara por dentro y le anegara la angustia que sentía y a la que aún no podía adjudicar término.

La oscuridad hizo que nos comenzaran a pesar los párpados. Algunos lograron conciliar el sueño, pero al resto nos latía demasiado rápido el corazón y la mente nos bombardeaba con imágenes de esas que encienden las pasiones. Recuperé mi vieja radio de bolsillo del fondo de un cajón. Estaba que se caía a cachos, pero esperaba que me aguantara por lo menos hasta el amanecer, porque confiaba poder sobrevivir ...Leer más

Si yo te contara

The Treasury, Petra, Jordan

—Cuéntame, ¿cómo es tu ciudad, la gente, la chicas, en definitiva, la competencia?

Yo quería contestarle, pero no me salían las palabras. En vez, me llevé su mano a los labios y le planté un beso en el dorso. Estábamos sentados en un banco de madera, rodeados de velas y frente al Tesoro de Petra. Me quedé mirándola, estaba preciosa.

—Ya veo que eres un lanzado de esos que no gastan saliva más que en lo estrictamente necesario. Espero que eso incluya por lo menos una alusión a la luna y las estrellas.

Sonrió y se atusó la melena. Me había dado cuenta de que llevaba toda la tarde intentando evitar que me percatara de que llevaba un audífono, pero yo no me atrevía a decirle que no se preocupara, que no me parecía que le quedara mal, porque no quería avergonzarla.

—Toma, —me dijo tendiéndome un lápiz de ojos negro que se había puesto a buscar en el interior de su bolso de cuero momentos antes —ya que no eres muy dicharachero y parece que le has pillado afición ...Leer más

Las reliquias que acaparan espacio mental

El Shatby Historic Cemeteries, Alexandria, Egypt

Este es el sitio al que vengo a enterrar mis pesares y dejar volar mi imaginación. Me viene bien andar, me ayuda a despejarme, y el ejercicio nunca está de más. Va a llover, se nota en la consistencia que presenta la arena del suelo. A mi derecha, hay un grupo de columnas blancas, numeradas y de diferentes alturas que se hallan dispuestas en círculo en torno a una estatua, que también posee un número y que descansa sobre una base cuadrada. La estatua es de dos figuras con himationes fundiéndose en un abrazo que da pena de lo lánguido que resulta. Sobre la plataforma en la que se encuentran situados los pedruscos en cuestión crecen plantas perennes de apenas un par de centímetros de longitud y un verde obscuro.

Prosigo la marcha. De pronto, me siento observado. No veo salvo ojos por todas partes. Me doy la vuelta para asegurarme de que las estatuas se contentan con arrojarme miradas acechantes y continúo andando. Paso de largo lo que, a primera vista, me sugiere ...Leer más

Ecos de nostalgia

Meniet El Morshed, Egypt

Tengo por costumbre salir a dar un paseo a diario y, cada vez que paso por Izbat Al Milh, que está al lado de mi pueblo, Meniet El Morshed, no puedo evitar que me dé una punzada.

Las ruinas de lo que antes constituía la morada de Mohamed Attiyeh marcan la entrada a la localidad. Su historia corresponde a la de los últimos cincuenta años de esta aldea.

De la antigua tienda y la sombrilla que solía haber en el porche no quedan salvo piedras y leños desperdigados. La gente de la zona no sólo acudía a la tienda para abastecerse de lo que llevarse al boca, sino también para cobijarse del sol en verano y del frío en invierno. A Mohamed le gustaba sentarse con la gente que se reunía en el porche. Vestía una túnica blanca que, pese a que se dedicaba a trajinar con alimentos, no parecía ensuciársele nunca. También solía llevar una taqiyah confeccionada a partir de la misma tela.

Siempre se le veía con una sonrisa puesta, con independencia de la ...Leer más

Ida y vuelta

Umm al-Qaywayn, UAE

Mi hermano Kamal quería que aprovechara mi estancia en los Emiratos al máximo, por lo que ya me tenía organizada una excursión a Sharjah para el día después de que aterrizara. Según él, no teníamos tiempo que perder. Para mí que lo que le apetecía era presentarme a sus amigotes de Sharjah y chulear de lo bien conectado que estaba, que no me hubiera hecho falta ver par creer a toda costa, considerando que su profuso don de gentes siempre lo había singularizado y que además trabajaba para el periódico Al Khaleej, que es el más conocido de la zona.

Comparada con Dubai, que es una ciudad que palpita al ritmo de quienes usan salpicar los negocios con placer, Sharjah me recordó a una hermosa joven que se guarda muy mucho de revelar sus encantos a cualquiera porque sabe lo que le conviene. En el trayecto de Umm Al Quwain a Sharjah nos jugamos la vida, porque las condiciones de la carretera dejaban que desear y porque en cualquier momento y sin previo aviso se te podía cruzar ...Leer más

Supervivencia

Aleppo, Syria

Se situó a cubierto tras una pila de escombros. Ojo avizor, se puso a inspeccionar el panorama que se extendía ante él. El fulgor de las explosiones a lo lejos se reflejaba en sus pupilas. Como el halcón que se dedica a estudiar el terreno mientras espera pacientemente a que las circunstancias le sean favorables para poder abalanzarse en picado sobre su presa, él tenía un único objetivo en mente, no darle al otro opción de que volviera las tornas.

Necesitaba concentrarse para no entrar en pánico. Había diseñado un método a tal efecto. Debía controlar su respiración contando los segundos que transcurrían entre que inspiraba y espiraba. Sólo así lograría erigir un dique mental para contener el piélago de impresiones inconexas que amenazaba con encharcar su cerebro y usurpar su poder de decisión, que ya a esas alturas se reducía a activar o no el músculo que le fuera a llevar a apretar el gatillo.

Hacía rato que no oía el latido de su corazón. Todo indicaba que se le había gangrenado. Ya sólo seguía con vida para poder ...Leer más

Cuando ya se tiene para comer

Loor a Dios

Amman, Jordan

Después de comprar el pan, le había quedado lo justo para montarse en un taxi compartido que lo fuera a dejar al lado de casa. No le parecía mala opción, sobre todo, si consideraba el tiempo que le iba a llevar cubrir la distancia a pata y lo cansado que se encontraba ya antes de emprender la caminata. Además, si alguna ventaja tenía hallarse en el Este de Amán, era la facilidad con la que uno podía largarse de allí, gracias a la cantidad de taxis compartidos que pululaban en aquella parte tan cochambrosa de la capital. No obstante, era la primera vez en varios días que se podía salir a la calle sin temer quedarse pajarito. Se estaba en la gloria fuera, con el sol dándole a uno en la espalda, por lo que, en el último momento, optó por ahorrarse el taxi.

Al poco de echar a andar, pasó junto a la casa en la que se había alojado por un par de días cuando, a su llegada a Amán, años atrás, había necesitado que alguien lo ...Leer más

Junto al puesto de la vendedora de té

Ganador del concurso “Dos mil noches y un amanecer”

Khartoum, Sudan

Comprobé que lo llevaba todo conmigo antes de sentarme a tomar una taza de té en la plaza. Me había pasado media mañana haciendo la compra en el mercado de frutas y verduras, y, con el agotamiento que llevaba encima, no podía confiar en que, si no permanecía alerta a los cambios que pudieran sufrir mis circunstancias, no se me fuera a pasar por alto algo importante. El lugar se hallaba atestado de vendedores de té ambulantes y el olor a menta y clavo que flotaba en el ambiente incitaba a consumir. No obstante, aquel día, por alguna extraña razón, no abundaba la clientela. Pese a que las probabilidades de que llegara a encontrar algo en aquel paraje con lo que poder entretenerme o regalarme la vista no pintaban precisamente como para tirar cohetes, decidí quedarme un rato para ver si la cosa se animaba, pues, total, no tenía trabajo y en casa no me esperaba nada mejor qué hacer. Además, ¿quién sabía?, aún era relativamente temprano.

Me puse, pues, a leer un par ...Leer más

Nuestra ciudad nunca volvió a ser la misma tras la muerte de Saada

Finalista del concurso literario “Dos mil noches y un amanecer”

Idlib es una ciudad del norte de Siria que antiguamente era famosa por su cerámica y sus aceitunas. No obstante, al poco de estallar la guerra, quedó completamente arrasada por los ataques aéreos.

Que me llamen iluso, pero yo aún conservo la esperanza de que la suerte que acabe corriendo mi ciudad difiera de la que le tocó en gracia a Saada, del final de cuya historia sólo se sabe a ciencia cierta que fue trágico y desolador.

Saada era una señora que debía de rondar los sesenta y de la que nadie sabía cómo había ido a parar en nuestra ciudad. En Idlib, no había, no obstante, quien, como mínimo, no hubiera oído hablar de ella. El paso de los años no había sido especialmente clemente con la buena mujer. Tenía el rostro tan picado y estropeado que una imagen del mismo se habría dejado confundir fácilmente con la que pudiera haber tomado un satélite de la luna. Se cubría la cabeza con un trapejo deshilachado por cuyos lados se asomaban unos ...Leer más

La virgen de Nippur

Finalista del concurso literario “Dos mil noches y un amanecer”

Me corroe la duda sobre dónde empieza y hasta dónde se extiende lo que me adscribe al sexo débil. Sé que, por mucho que me esfuerce en atinar con palabras favorecedoras a componer un relato chispeante, este jamás llegará a seducir por sus encantos sustantivos, porque mi dolor no se deja poner nombre. Cuando la oscuridad se cierne, las fieras de la noche sacan pecho y el único himno que se escucha es el de un pueblo que censura a quien desea expresarse enseñando escote y se regodea en un silencio cómplice.

Es posible que llegue el día en que, por fin, pueda vomitar todo eso que siento que no encuentra cabida en ninguno de los contenedores de formato preestablecido que se hallan a mi disposición. Sin embargo, dudo mucho que vaya a toparme con él a la vuelta de la esquina, pues primero he de crear y atrincherar el espacio donde poder encontrarme a solas conmigo misma, donde poder concatenar mis pensamientos hasta que, ¿quién sabe?, alcancen una medida que rebase ...Leer más