Cuando ya se tiene para comer

Loor a Dios

Amman, Jordan

Después de comprar el pan, le había quedado lo justo para montarse en un taxi compartido que le fuera a dejar al lado de casa. No le parecía mala opción, sobre todo, si consideraba el tiempo que le iba a llevar cubrir la distancia a pata y lo cansado que se encontraba ya antes de emprender la caminata. Además, si alguna ventaja tenía hallarse en el Este de Amán, era la facilidad con la que uno podía largarse de allí, gracias a la cantidad de taxis compartidos que pululaban en aquella parte tan cochambrosa de la capital. No obstante, era la primera vez en varios días que se podía salir a la calle sin temer quedarse pajarito. Se estaba en la gloria fuera, con el sol dándole a uno en la espalda, por lo que, en el último momento, optó por ahorrarse el taxi.

Al poco de echar a andar, pasó junto a la casa en la que se había alojado por un par de días cuando, a su llegada a Amán, años atrás, había necesitado que alguien lo ...Leer más

Viven juntos en Babia, pero él sueña con regresar a Marte y ella, a Venus

Wadi Rum in Jordan

Quedaban para encontrarse al ocaso en las montañas una vez al mes. Las noches en la cumbre son gélidas y sorprendentemente pacíficas. Soñaban a lo grande, a lo monumental. A su alrededor, la naturaleza brillaba con colores tan vívidos que los llevaba a ellos a lividecer … hasta que la primavera llegó a su fin.

Se erguía en la cima de aquel monte púrpura que había asimilado la percusión de sus azarosos pasos y dejaba trotar su mirada por la enigmática ladera. Seguidamente, alzaba la vista al cielo y a las estrellas y los invocaba: “Con lo grande que es el mundo, ¿por qué tengo la constante impresión de que escasea el aire para respirar?”

Recordaba la primera vez que se sintió levitar. Las plantas de sus pies se despegaron del suelo y una versión suya de traza ingrávida se desprendió de ella y sobrevoló el mundo. Se sentía beoda de felicidad. Era como si hubiera adquirido la habilidad de hacerse invisible, de desaparecer tras una sonrisa tonta.

Aquel día, había trepado por el monte a toda brida, como si le fuera ...Leer más

La historia de Bater

Zoco Al-Bukhariyeh en Ammán, Jordania

Sale a la calle de madrugada; la ciudad aún duerme. Debe atravesar varios barrios para llegar al zoco de Al-Bukharia en el centro de Ammán, por cuyas estrechas y congestionadas arterias se dedica a empujar su carro y a vender las exquisitas tartas que se hallan apiladas en su interior y que cocina antes de acostarse por la noche siguiendo una receta secreta que ha confeccionado él mismo a partir del poso de sabiduría y paciencia que le han legado las vivencias que lo han marcado a lo largo de los años. Fija su mercancía cubriéndola con una fina malla anti-mosquitos.

A sus sesenta años, el padre de Bater disfruta como un enano de su día a día, lo que, a su vez, hace que las arrugas que le surcan la frente a raíz del cansancio que acumula a lo largo de la jornada parezcan menos profundas. Con una sonrisa, se para a saludar a todo el mundo durante su itinerario cotidiano por el gran zoco, en el que proliferan las tiendas que engalanan sus paredes ...Leer más

Deus ex machina

Sabeel AlHoriyat, Amman, Jordan

¡Era un incordio tener que estar venga a brincar por encima de las patorras de aquel viejales tirado sobre la acera! No obstante, nunca le daba tiempo a recriminarle su falta de civismo, porque, siempre que se topaba con él, lo que primaba era evitar que sus perseguidores le echaran el guante. Para sisar con arte había que aprender a ser ágil y a volverse invisible. A tal efecto, solía llevar un pañuelo ocultándole la parte inferior del rostro. A fin de cuentas, el viejales, que se conocía el casco antiguo de Ammán como la palma de su mano y por cuyas venas corría el alma de la ciudad, estaba en su derecho de repantingarse donde le diera la real gana, un derecho que no se privó de ejercer en ningún momento, hasta que Ahed le ofreció una alternativa a su indigente trashumancia.

Se ganaba la vida con la mendicidad, ocupación para la que tampoco venía mal saber pasar desapercibido. Le gustaba haraganear por el zoco de las verduras. Para evitar que el sol añadiera más patetismo al cuadro que estaba ...Leer más

La tumba

El campo de refugiados palestinos Baqaa en Jordania, al norte de Amman

Apenas quedan unas horas para que amanezca y dé comienzo el Eid.

¿Qué has dispuesto para la ocasión? ¿Lamentarán tus hijos haber nacido?

Se arremolinan junto al estante con las tarrinas de dulces y se niegan a abandonar la tienda y volver a casa con las manos vacías.

Estas fiestas toca que cicatricen las heridas que llevan todo el año sin querer cerrarse. Si no, la cosa pinta muy negra. Tienes el corazón al borde del colapso, enseguida pierdes la capacidad de concentración y te refugias en un silencio sepulcral, que veteas con el humo de tus cigarrillos, que se espesa en el techo hojalata de tu habitación.

¿Has incluido en tus cálculos la ayuda económica que quieres prestar a tus hermanas? ¿Has hecho bien las cuentas para que no les falte qué llevarse a la boca a tus inconsolables criaturas, cuyos insistentes ruegos por que les des de comer cordero estás venga a desoír?

Unas alitas de pollo habrán de bastar para acallar sus súplicas y para que dejen ...Leer más

La carcajada

Nieve en Irbid, Jordania

Fulano se quedó mirando la pantalla de su teléfono móvil. La noche iba llegando a su fin. Afuera, la nieve enmoquetaba las oscuras calles. Estaba vendido a su móvil. La electricidad llevaba días cortada y el único cacharro tecnológico de toda la casa que no se había visto afectado era aquel. Le había salido por trescientos dinares, que era a lo que ascendía su sueldo mensual. Se dirigió hacia la cocina guiándose por la mustia luz que despedían las velas que había plantado en el pasillo. Pisó una vela sin querer y se puso a jurar en hebreo, soltando todo tipo de improperios contra la vela y los muertos de Prometeo. Al cabo, profirió una sonora carcajada. Fulano no era, cómo quien dice, un dechado de virtudes, pero su capacidad para, rasca que te rasca, sacarle a todo su lado cómico era verdaderamente encomiable. Cuando se percató de que su mujer le ponía los tochos y de que su hijo no perdía ocasión de ridiculizarlo a sus espaldas, simplemente se tronchó de la risa.

Se ...Leer más

Érase una vez la ciudad rosa

Las ruinas de la ciudad de Petra, Jordania

De pronto, sentí una necesidad acuciante de sentarme sobre las salinas dunas del desierto. Los rayos del sol naciente se infiltraban entre los rocosos muros de la colosal ciudad que se extendía ante mí e incidían sobre la superficie reflectante de unas botellas que yacían desperdigadas por el terreno. Nada más percatarme de las dimensiones del piso superior, desistí de intentar recorrerme la ciudad entera a pata, tan sólo asistido por mis dos enclenques extremidades. Mi cabello rubio me caía sobre los hombros.

Por un lance de fortuna, cayeron en mi poder tras asistir a una subasta pública unos manuscritos atribuidos a un tal Dewy que databan de 1830. Tuve que contrastar la información que mis ojos proporcionaban a mi cerebro con lo que figuraba redactado en aquellos vetustos manuscritos, que no sólo daban fe de que la ciudad rosa existía, sino también de que llevaba en pie desde el siglo cuarto antes de Cristo. Descocada, vestía un morado que azoraba a las estrellas que se habían quedado rezagadas en el cielo. Con sus encantos al descubierto, exhibía una belleza que hacía sombra a ...Leer más

Abila y su historia

Ruinas de Abila, sitio arqueológico en Jordania, cerca de Irbid

Un radiante día primaveral, de bonico como los que sólo se dan en Jordania, nos contagiamos de la alegría de vivir que flotaba en el ambiente y decidimos irnos de excursión a conocer la provincia aledaña a la nuestra, que, en esta época del año, de todos es sabido que entra en ebullición, con todo tipo de flores eclosionando al unísono.

Sentado frente a un yacimiento arqueológico de belleza y esplendor sin par, me sumí en un piélago de cavilaciones que me llevaron a plantearme hasta qué punto no sería sensato postular que los lugares que acumulan más historia gozan de una ubicación geográfica que se presta a tal efecto. Al fin y al cabo, había sido toda una macedonia de pueblos la que, durante, qué digo cientos, miles de años, se había consagrado a troquelar el paisaje de en derrredor. Me acordé, a su vez, de aquel profesor que me daba clase de niño y que, en su momento, logró persuadir al colegio para que acogiera a un equipo ...Leer más

La ciudad soterrada

Yacimiento arqueológico de Zeiraqun en el Norte de Jordania, cerca de Irbid

Se agachó y, sobre la tersa piel de su frente, le plantó un último beso de despedida. Había intentado alabear el inexorable paso del tiempo para poder demorarse un rato más paladeando la exquisita fragancia que encapsulaba la balsa de su amor. Sin embargo, el destino la había conminado a caminar sola hasta donde unos colosales menhires de azabache cercenaban el ancho del camino hasta dejarlo reducido a la mitad. Todo lo que estos habían presenciado en no pocos lustros ciertamente revalorizaba su pétrea discreción, pues habían sido muchos los trotamundos que habían pernoctado en la ciudad soterrada, sobre la que día y noche pendía la amenaza de que la estructura que abovedaba los anfiteatros esculpidos en la roca fuera a hundirse, dándole sepultura. Las palabras de él reverberaban en su cabeza. Exangüe, había procurado cerciorarse, atendiendo a sus últimos estertores, de que él hacía las paces con su fatídico sino. Al fin, podría retozar en sueños al abrigo del egregio silencio intemporal. Ella, en su honor, continuaría su ...Leer más