¡Eres un puto cristiano!

Benghazi, Libya

Sentado frente al local, Naguib espanta moscas a manotazos. Desearía poder ahuyentar con la misma facilidad los temores que, en tropel, acuden a su mente y monopolizan su pensamiento. Suspira con vehemencia, en la esperanza de poder expulsar en un soplo la informe mole negra que azota sus entrañas. “Estoy jodido”, dice para su sayo.

De pronto, oye a un desconocido tararear a sus espaldas. La piel se le eriza de lo mucho que desentona en una calle como aquella, en la que se han llegado a cometer todo tipo de atrocidades a la luz del día, alguien que se entrega a un placer tan frívolo y, en apariencia, inocuo como aquel.

Para acallar sus miedos, Naguib le pone letra: “Corazones rotos, miradas errantes, caras de espanto …” Muhammad aparece acompañado de su familia. Al dirigirle la palabra, Naguib pega un respingo.

-¿Cómo lo llevas? -le pregunta.

-Voy tirando.

-¿Este cacho tierra pertenece a alguien o estamos aquí en territorio comanche? -demanda saber el desconocido.

-Has dado en el clavo. Esto es la jungla.

Su amigo, que no ha llegado a apearse del coche, suelta una carcajada y ...Leer más

La OEA, el porro y el anciano turco

La plaza de los Mártires, Trípoli, Libia

Esta historia trata de dos personas que, pese a compartir el 25 % de su material genético, pertenecieron a generaciones que parecen haber vivido en eras distintas. Sara se encontraba en una gran plaza que había cambiado de nombre varias veces a lo largo de la historia. Era la más grande y la más famosa de la ciudad. Frente a ella, se erguía un edificio que se remontaba a época preislámica. Asimismo, otro de los edificios que bordeaban la plaza, el rojo, lucía una inscripción que indicaba que el monumento databa de antes de Cristo, o, lo que venía a ser equivalente, de antes incluso de que se comenzara a registrar el paso del tiempo.

Sara se hallaba esperando al tipo con el que había quedado para que le vendiera un canuto de María. Por aquellos lares, estaba fatal visto que las mujeres fumaran hierba, que fumaran, a secas, fuese lo que fuere. Fumar estaba terminantemente prohibido. Cuarenta años atrás, Sara quedaba con sus amigas para fumar en ese mismo lugar. Por aquel ...Leer más

La bella y la gacela

Ganador del concurso “Las mil noches y un amanecer”

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De esto hace ya más de ocho años, antes de que se sustrajera la estatua de La Bella y La Gacela del corazón de la ciudad. Fue la última mujer de la historia de Trípoli en contonearse desnuda. Yo me encontraba en el coche con mi padre. Él es un hombre tradicional de ElKedoua, una región rural a cuarenta quilómetros de Trípoli. Mi padre se abrió camino en la vida salvando todo tipo de obstáculos. Se hizo médico, a pesar de que en su momento soñara con convertirse en piloto. Cada vez que veía un avión surcando el cielo, me decía: “Fíjate en ese avión. ¿Acaso no es una maravilla?”

Me acuerdo de la forma de sus pequeños ojos negros y de las bolsas que le colgaban de ellos. No los entendía hasta hace poco, cuando probé aquella sensación de perder el sueño y descorchar una pesadilla que no parece tal hasta que está a punto de terminar.

Durante mi adolescencia, solíamos sentarnos en el parque de El Jardín de la Gacela a tocar ...Leer más