Chauen, 1936

Ganador del segundo premio del concurso literario “Dos mil noches y un amanecer”

Corre, descalzo. Sus dos perseguidores le pisan los talones. Vista desde arriba, la ciudad parece de color blanco, pero, a pie de calle, las paredes y las puertas de las casas se revelan azul zafiro. Para darles esquinazo, trata de elegir las callejuelas por las que se mete de forma que su trayectoria parezca lo más aleatoria posible. Al mismo tiempo, no obstante, no puede permitirse olvidarse de por donde tuerce cada vez, pues teme que, de perderse por el laberíntico entramado de las travesías de esta localidad, ni el Altísimo pueda mostrarle la salida.

Lo probable es que los fundadores de esta ciudad también se hubieran hallado huyendo de algo. De lo contrario, no se habrían molestado en construir la ciudad sobre un desfiladero; en vez, la habrían erigido en un valle o a la orilla de un río.

Lo bien que le vendría en estos momentos poseer en la cima de un pico una fortaleza azul inexpugnable donde poder ponerse a refugio.

Llega a la plaza principal, en ...Leer más

Esa pócima con pinta de cortinaje opaco que deja un regusto amargo

Argana cafe and Yemaa el Fna square in Marrakesh

Tomo el café solo, sobre todo si es de buena calidad, como el que sirven en el café Argana, que es una cafetería chulísima a la que, desde que mi esposo y yo nos prometimos, acudimos cada vez que visitamos Marrakech. Nos gusta sentarnos en la terraza para poder asomarnos a la bulliciosa plaza de Yamaa el Fna, que nos trae recuerdos de nuestra historia compartida. A mi esposo, Arif, el sitio le chifla. De hecho, hizo en su momento un documental sobre los cafés de la plaza en el que el café Argana jugaba, como no podía ser de otro modo, el papel protagonista. Asimismo, varios de los relatos que ha escrito acerca de cómo nos enamoramos el uno del otro están ambientados en este café.

Aquel día, habíamos ido al café Argana, nos habíamos sentado en nuestro sitio habitual, habíamos pedido unos refrescos y, mientras los niños brincaban a nuestro alrededor, nos habíamos puesto a charlar de lo divino y de lo humano, y a disfrutar las vistas sobre la colorida plaza. Los aromas que flotaban en el aire conferían a ...Leer más

Ilusiones truncadas

Argana cafe, Marrakesh

No hay palabras para describir lo escalofriante que fue lo que ocurrió. Fue como si un meteorito colosal hubiera caído del cielo y se hubiera estrellado en el lugar más bello de todo Marrakech. La gente de la calle no tardó en arremolinarse en torno al lugar de los hechos y a especular acerca de lo sucedido, llevándose las manos a la cabeza:

-He sentido cómo la tierra temblaba bajo mis pies.

-Ni que hubiera explotado un almacén de bombonas de butano.

-¡Qué chungo! A saber que habrá pasado.

-Dios nos asista.

Yo acababa de salir de la mezquita Kutubía, a la que había ido a hojear los anales que documentan la historia de las ilustres dinastías de los almorávides y los almohades. Me hallaba cruzando la plaza de Yamaa el Fna cuando oí la explosión. Iba de camino a recoger a Murad, mi amigo de la infancia, al que había dejado en el café Argana dos horas antes haciendo manitas con Jaqueline. Tenían previsto casarse y después mudarse juntos a los Estados Unidos. Por ...Leer más

El molino

Rio Martin Tanger Tetuan Morocco

Saleh, el molinero, se hallaba frente a la puerta de su molino con la vista clavada en el horizonte. Para su regocijo, el cielo vaticinaba tormenta. ¡Por fin! Tenía pensado comerse el mundo. Aquel iba a ser un año como Dios manda.

Había implorado al Señor que suturara las heridas de la tierra con el agua del cielo para que los cereales germinaran. Finalmente, Dios parecía haber escuchado sus plegarias. En la bóveda celeste comenzaron a acumularse unas nubes negras que, al poco, se descargaron sobre el pueblo. Se puso, pues, a llover a cántaros. Todo el mundo volvió entonces la mirada hacia los cultivos. Las semillas no tardaron en echar raíces y, poco más tarde, las primeras plantas empezaron a despuntar. El caudal del río que irrigaba los campos de la comarca creció hasta casi desbordarse. Aquello congratuló al molinero, que sonrió encantado de la vida.

El molinero se sentía optimista. Tenía pinta de que aquel año su molino iba a estar operativo para moler grano a mansalva, ahora que las cosechas iban a volver a ser ...Leer más

La lucha de la calzada

Chemaia

Estaba tomándome algo en la cafetería “La Rosa Roja” cuando me enteré de la noticia: El Peregrino Guevara había besado el suelo tras tropezar con uno de los hoyos de la calle La Marcha Verde. Antes de comenzar a desglosar las implicaciones que tuvo dicho accidente, quisiera poner a mi audiencia en antecedentes de dos historias: la primera gira en torno al nombre de la cafetería y la segunda, en torno al nombre del peregrino.

“La Rosa Roja” es una de las cafeterías más nuevas de la aldea, que es la típica aldea que hasta los años ochenta del siglo pasado no contaba con más de diez habitantes. Su historia se halla estrechamente ligada a la del Peregrino Guevara y a la de su sobrenombre. Ahora es su hijo menor, Omar AlMahdi, el que regenta el local y lleva las cuentas. El mayor, AlMahdi Omar (al Peregrino Guevara le pareció que tenía su aquel poner a sus hijos el mismo primer y segundo nombre, pero invirtiendo, con la segunda criatura, el orden que les había asignado al ir ...Leer más

Recordar a intervalos para recordar con cariño

Quaà Asserasse, Marruecos

Me sentía desfallecer con cada paso que daba. Las rodillas habían comenzado a temblequearme. Me hallaba siguiendo el curso del río para llegar a la casa donde nací, que se asienta cerca del pozo de la campiña de Quaà Asserasse. No había probado bocado en todo el día y el efecto de los porros estaba a punto de dejarme fuera de juego, al albur del viento, que, por intuito de su díscolo talante, no dudaría en llevárseme volando como una mísera hoja de papel. Llevaba días sin pegar ojo por la angustia que me producía la mera idea de regresar a casa. Pero, ¿a qué se debía?, ¿por qué sentía que, pese a llevar tiempo preparándome mentalmente para ese momento, el tan anhelado retorno a casa me iba a dejar con un palmo de narices? Tal vez estuviera relacionado con el hecho de que, pese a estar avanzando aparentemente, con cada paso que daba, en el fondo, me sintiera retroceder.

Al rato, me hallaba frente a la puerta principal. Las cortinas de la entrada estaban echadas. Del interior de la vivienda emanaba música jbala y un ...Leer más

Se sueña en balde

Casa Blanca

En su reloj dieron las diez y media de la noche. El señor Nostalgia se encontraba solo en la calle en penumbras, rodeado únicamente de sus bártulos. Una fuerza desconocida lo había remolcado hasta aquel lugar. Frente a él, se erguía un edificio que desprendía cierta familiaridad. Esperaba que la sensación de relajación que le transmitía lograra enfriar la bola de fuego que sentía arder en su interior. Asomó la cabeza por el portón de entrada.

Minutos más tarde se encontraba en el interior de la casa de Vida. Había llegado hasta allí siguiendo un aroma que, como una hebra de luz, lo había guiado por el tramo de escaleras. Se echó a los brazos de Vida y, acurrucado en su regazo, se sintió renacer con el mundo a sus pies. Ella se quedó estudiando su semblante, tratando de entrever su lado bueno, o, por lo menos, el que a ella le caía en gracia. Durante todo el tiempo en el que había permanecido ausente, jamás había perdido la esperanza de volver a verle. Sabía que él no podía soportar la ...Leer más

La vaca

habitantes de imilchil

Un día, el patriarca, el jeque del pueblo, anunció:

-Pasado mañana nuestro pueblo recibirá visita de una delegación gubernamental de alto rango que ha sido comisionada para informar de nuestros malestares a los órganos de decisión de las altas esferas. Debemos darles la bienvenida como corresponde y organizar una fiesta de una fastuosidad sin precedentes en la historia de nuestro pueblo. A tal fin, debemos sacrificar una vaca “de un color llamativo que deleite la vista de los presentes” (El Corán, azora 2, aleya 69).

En ese momento, intervino el palurdo del pueblo:

-Y, ¿dónde habremos de dar con una vaca de semejantes características?, oh, gran jeque.

-Una pregunta muy atinada. Veo que eres más espabilado que la mayoría de los zoquetes de por estos pagos.

Se puso el jeque entonces a rumiar su respuesta y, de pronto, vio cómo la anciana del pueblo subía bamboleándose por la ladera de la montaña con su burro, que constituía cuanto le había legado su difunto marido, pues este había resultado ser estéril. Emulando a Arquímedes en el momento en el que, sin salir de ...Leer más

Taforalt: La memoria colectiva y el recuerdo individual

Taforalt, mountainous landscape in the North of Morocco

La fiesta del club cultural concluyó tras el acto que se celebró en homenaje a los docentes jubilados de la ciudad de Berkan. Lo habían obsequiado con un certificado de excelencia en reconocimiento a toda una vida dedicada a la enseñanza. Por desgracia, presentaba un gazapo en el nombre y, además, su confesión religiosa no concordaba con la que le habían adjudicado. Se montó en el coche y arrancó con rumbo a Taforalt, que llevaba un tiempo sin poder sacarse de la cabeza, a pesar del apretado programa de actividades que le había saturado la agenda últimamente. Se sentía levitar sisando unos instantes de paz a la vorágine cotidiana, mientras disfrutaba con cada giro y en cada pendiente de la imponente belleza de los montes de Beni Snassen. Aparcó el coche a pocos metros de la tumba de su abuelo y se aproximó con respeto y solemnidad. Acto seguido, se puso a declamar:

-La paz sea con vosotros que habéis cruzado el umbral del más allá. Nos habéis mostrado el camino a seguir y nosotros, vuestra progenie, estamos ...Leer más

Las ruinas de Volubilis

Volubilis Marruecos

Los relatos de viajes y aventuras siempre han fascinado al ser humano. A fin de cuentas, ¿a quién no le gusta viajar a las diversas ciudades comprendidas en este nuestro vasto mundo y descubrir la cultura de otros países? La que os voy a narrar es la historia de una ciudad entre mítica e histórica sita en Marruecos, más concretamente, al oeste de la ciudad Mulay Idrís. Se trata de Volubilis, una ciudad que visité hace ya varios años durante un recorrido que hice por este precioso país que es Marruecos. La ciudad es famosa, por un lado, por hallarse emplazada en una región de tierra fértil y, por otro, por la majestuosidad de sus edificaciones, que se remontan al inicio de los tiempos. Las ruinas dan fe de que, a lo largo de los siglos, han sido múltiples los pueblos que se han asentado en la zona (los romanos, los bereberes, los bizantinos, …). El iterativo relevo cultural al que fue sometida ha acabado dotando a la ciudad de un sugestivo eclecticismo arquitectónico. En 1997, la UNESCO la ...Leer más