Supervivencia

Aleppo, Syria

Se situó a cubierto tras una pila de escombros. Ojo avizor, se puso a inspeccionar el panorama que se extendía ante él. El fulgor de las explosiones a lo lejos se reflejaba en sus pupilas. Como el halcón que se dedica a estudiar el terreno mientras espera pacientemente a que las circunstancias le sean favorables para poder abalanzarse en picado sobre su presa, él tenía un único objetivo en mente, no darle al otro opción de que volviera las tornas.

Necesitaba concentrarse para no entrar en pánico. Había diseñado un método a tal efecto. Debía controlar su respiración contando los segundos que transcurrían entre que inspiraba y espiraba. Sólo así lograría erigir un dique mental para contener el piélago de impresiones inconexas que amenazaba con encharcar su cerebro y usurpar su poder de decisión, que ya a esas alturas se reducía a activar o no el músculo que le fuera a llevar a apretar el gatillo.

Hacía rato que no oía el latido de su corazón. Todo indicaba que se le había gangrenado. Ya sólo seguía con vida para poder ...Leer más

Nuestra ciudad nunca volvió a ser la misma tras la muerte de Saada

Finalista del concurso literario “Dos mil noches y un amanecer”

Idlib es una ciudad del norte de Siria que antiguamente era famosa por su cerámica y sus aceitunas. No obstante, al poco de estallar la guerra, quedó completamente arrasada por los ataques aéreos.

Que me llamen iluso, pero yo aún conservo la esperanza de que la suerte que acabe corriendo mi ciudad difiera de la que le tocó en gracia a Saada, del final de cuya historia sólo se sabe a ciencia cierta que fue trágico y desolador.

Saada era una señora que debía de rondar los sesenta y de la que nadie sabía cómo había ido a parar en nuestra ciudad. En Idlib, no había, no obstante, quien, como mínimo, no hubiera oído hablar de ella. El paso de los años no había sido especialmente clemente con la buena mujer. Tenía el rostro tan picado y estropeado que una imagen del mismo se habría dejado confundir fácilmente con la que pudiera haber tomado un satélite de la luna. Se cubría la cabeza con un trapejo deshilachado por cuyos lados se asomaban unos ...Leer más

El patio del terremoto

Finalista del concurso literario “Dos mil noches y un amanecer”

Los lugares nos habitan. Se instalan en nuestro fuero interno y, sobre ellos, imprimimos nuestros recuerdos. Constituyen el lienzo sobre el que se proyecta la peli de nuestras vidas. Y cuando los abandonamos, nuestro fuero interno se resiente, porque intuye que, para cuando regresemos a ellos pasado el tiempo, serán los recuerdos de otros los que los galopen.

Miro hacia el patio y me digo a mí mismo que menos mal que los abuelos lograron marcharse antes de que estallara la guerra. Todo está cubierto de escombros. El patio se ha vuelto gris ceniciento, hasta el césped, un gris oscuro que tiende a negro sobre los muros que quedan en pie. De pronto, vislumbro lo que queda de la pintada que uno de mis amigos de la juventud plasmó sobre uno de aquellos muros que encuadraban el patio y se me cae el alma a los pies. Estaba dedicada a la hija del vecino, por la que estaba colado, y rezaba:

“Si amarte es un crimen, será mejor que me encierren, porque no tengo intención ...Leer más

La muela del juicio

Kobani Syria

“Muela del juicio,
como si se tratara lo que me aplasta de algo corriente y moliente,
como si se tratara de avena que me fuera a ayudar a hacer la digestión,
muéleme los pesares, hazlos puré alible.”

No somos cuatro gatos. Somos cientos de miles, sólo que estamos dispersos, repartidos a ambos lados de las fronteras políticas, en un territorio que no se halla bajo nuestra jurisdicción.

A las afueras de la ciudad de Kobane, en un recodo del mundo presa del terror, una belleza curda se recuesta sobre una colina que su unidad tiene el deber de defender.

Con ambas manos, Berivan estruja su fusil de asalto como si le pudiera exprimir protección, afina la voz y, como si le fuera la vida en ello, canta a su muela del juicio. Todo sea por, cuando menos, fingir que uno puede olvidarse, aunque sea brevemente, de la desesperación imperante.

Da la sensación de que la negra noche se dilata a placer y ella teme no llegar nunca a poder dejarla atrás en la noche de los tiempos. De hecho, teme no llegar a tener ocasión ...Leer más

Como caído del cielo

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Nos hallábamos confinados en el patio de la Gran Mezquita. La noche se manifestaba tenebrosa y lúgubre de solemnidad. Nos había encerrado un tuerto abyecto, que parecía salido de una mazmorra del averno. No conocía rival a la hora de ejercer de depravado y de decapitar a gente inocente. Era un nigromante experto que había plantado la corrupción sobre la faz de la tierra. En Levante, había empujado a la mayoría al borde del precipicio. Nosotros, no obstante, no teníamos pensado rendirnos a la primera de cambio. Nos dedicábamos a suplicar al Señor que nos enviara a uno de sus combatientes para que nos liberara y le sacara al tuerto su ojo remanente. Finalmente, un día, vimos descender del cielo en picado a un hombre a lomos de una acémila que parecía un ángel. A unos palmos de distancia del minarete, el caballero ralentizó el trote de su montura posando sus manos sobre las alas del ángel. Seguidamente, se coló en el interior de la mezquita por uno de los ventanucos del minarete. Se ...Leer más

El fattoush

El funeral de un mártir en Duma, cerca de Damasco, Siria

Cualquier parecido con la realidad es extremadamente intencionado.

1

Diab me visitó en sueños y me pidió que le hiciera un plato de fattoush. Enseguida llamé a la madre de Sami para que me echara una mano.

2

Las dos mujeres comenzaron a preparar el fattoush para el joven, que había muerto hacía dos meses. Esa misma tarde, la madre de Sami escribió en su muro de Facebook: “A veces pienso en el desgaste emocional que comporta cocinar, cantar y bailar para invitados que nunca llegan a hacer acto de presencia. No sólo no llegan a aparecer, sino que además nos ponen de manifiesto su ausencia. Hoy me he acordado de los rasgos que memoricé en su día de la poesía que versaba sobre la ausencia y la presencia. Después me he volcado en aprestar el fattoush para Diab, al que no tuve el placer de conocer. Sé cómo murió y conozco su cara de haberla visto en dos fotos. Una es la que cuelga de la pared de su ...Leer más

El héroe de la ciudad

Manbij, tejados en Siria

Siempre he querido que me vieran como un héroe, al menos una vez en la vida. Mi ciudad es un hervidero de delincuentes. En una ocasión, vi cómo unos chavales se liaban a puñetazos con un niño escuchimizado porque los había interrumpido mientras jugaban al pasar a su lado. También presencié en otra ocasión una pelea entre adultos. Un señor barrigudo trató de zanjar la refriega separando a los contrincantes antes de que la cosa llegara a mayores, pero, para cuando intervino, los ánimos ya se hallaban demasiado caldeados. Uno descalabró a otro y, antes de que a nadie le diera tiempo a reaccionar, se confundió entre la marabunta de gente que se había congregado en torno al suceso. En cuanto la gente se percató de lo ocurrido, comenzó a vociferar: “¡Horror! ¡Canallas!” No obstante, apenas hubo la sangre comenzado a teñir la acera, los alaridos se trocaron en vítores que ensalzaban al hombre que había intercedido por la concordia: “¡Qué grande eres, oh, tú, nuestro héroe!”

Otra vez, estando en el zoco, uno ...Leer más

Para emplazar los recuerdos

Ganador del segundo premio del concurso literario “Las mil noches y un amanecer”

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No sabía que el bus fuera a pasar por delante de la Plaza de los Abasíes. Llevaba dos años intentando evitar dejarme caer por ahí, pero el anciano conductor había decidido hacer caso omiso a la angustia que les pudiera producir a los pasajeros tener que atravesar aquella zona controlada por las filas del Frente.

El bus se acercó al acceso de la plaza que limita con el barrio de Zabaltani y condujo por delante de unos enormes neumáticos arrumbados a un lado del camino. En ese momento, pese a haberme instalado la tensión en estado de alerta, era incapaz de refrenar el aluvión de recuerdos que se agolpaban en mi cabeza. Viramos a la derecha, donde se alza el gran polideportivo bautizado con el nombre de la plaza: Polideportivo Internacional de los Abasíes. Frente a aquel polideportivo, me había pasado yo hacía unos años horas colmadas esperando a que pasara cualquier medio de transporte que me pudiera llevar de vuelta a casa en las inmediaciones de la campiña ...Leer más