El abrazo del oleaje

Playa de Dubai al atardecer
Aquí me hallo, escribiendo, como siempre.

Me gustaría poder liberar mi alma confesando, pero el miedo me lo impide. En vano, trato una y otra vez de desembotar mis entendederas para desembaular y, por fin, exonerar mi corazón. No obstante, cada vez que enfilo mi cometido, cada vez que me decido a revelar lo que me aflige y conmueve, me abofetea el mismo viento de siempre, áspero, brusco, desapacible. Me abruma la marea de mis borrascosos sentimientos, que parecen emperrados en enunciarse sordos a mi necesidad de encontrar paz y calma.

Aquí me encuentro, buscándote una vez más.

Siempre me ha apasionado escribir a tu vera. Tú, fiel a tu intempestiva naturaleza, saltas a la primera, pese a haber aparentado ser imperturbable instantes antes. Te apartas de mí para, acto seguido, volver arrastrándote hasta mí nuevamente. Cuando acudo a ti, tu suave voz me serena el ánimo atribulado. Con el paso de los años, el destino ha ido segándome los sueños hasta convertirme en una peonza, en su muñeca de trapo. Me hallo tan derrengada de luchar contra lo inexorable que me cuesta incluso encontrar la fuerza de voluntad necesaria para amanecer cada mañana. Lo único que me consuela es saber que cuando me tope contigo, me llevarás a otra parte, a un universo paralelo que nos pertenezca y donde nada amenace con separarnos. Un universo en el que poder albergar esperanzas. ¡Cuánto te echo en falta! Siempre has sido el único capaz de insuflarme esperanzas. Tu fuerza me atrae hacia ti, como si ansiaras engullirme en aras de, finalmente, aliviar mi pesar.

Aquí estoy hoy, disculpándome ante ti por la forma tan abrupta que tuve de marcharme y olvidar.

Te escribo para pedirte que me acojas en tu seno ya para siempre, pues no encuentro sosiego si no es junto a ti. Dejaré todo atrás, hasta este lápiz que empuño en estos momentos. Me adentraré en tu reino y me pondré a tu disposición para que me lleves a dónde sea que quieras llevarme, pues, en apenas unos segundos, ya nada importará: mi enclenque alma ascenderá aleteando al cielo y tú tomarás posesión de mi cuerpo. ¿Quién sabe?, puede que dé de comer a los peces, quizás provea a otros de aquello que él mismo no supo encontrar para mantenerse a flote, para sobrevivir todas aquellas noches que se sucedían arduas, glaciales e inclementes. ¡Cuán necesitada me vi en su día de sus abrazos para entrar en calor, de sus palabras de ánimo para consolarme y apaciguarme el espíritu! Su respuesta a mis súplicas fue, no obstante, la de dejarme en la estacada: me desdeñaron y me arrumbaron.

Sin embargo, ahora ha llegado mi turno.

Esta vez, soy yo quien se marcha, quien les vuelve la espalda. Bucearé en aguas distantes, allá donde no puedan dar conmigo, allá donde pueda por fin librarme de los recuerdos que me acosan sin tregua ni cuartel. Navegaré hasta que la bahía en la que se cría su ácido desdén desaparezca en lontananza. No permitiré que vuelvan a burlarse de mí con promesas hueras, porque esta vez soy yo quien zarpa rumbo hacia un nuevo comienzo.

Ahora que te tengo frente a mí, mar, puedo apreciar hasta que punto me recibes con los brazos abiertos, arrullándome con beatífico oleaje. No titubeo, pues. En esta ocasión, no pienso recular en el último momento. Permaneceré en tus acogedoras entrañas para siempre, así que toma mi cuerpo y líbralo de esta mi alma endeble.

Toma mi cuerpo y líbralo de esta mi alma endeble.

 

Escrito por Asma Mansoor Al-Menhali.

Elige tu propia aventura

Como pretendiente, el mar no es un buen partido. Lo sé, ¡quién lo hubiera dicho, con lo salao que es!

a) Es que trata de abarcar demasiado.

b) Tiene unos cambios de humor muy bruscos.