Je suis Bardo

Bardo National Museum (Tunis)

Reina el aullido chillón de las sirenas de policía, que, en saliendo a escena, ha dado un golpe de estado. Hamadi pega un brinco hacia atrás del susto. Se le acelera el corazón, se le hace un nudo en la garganta, aparta la vista, se siente con la boca seca y la voz acartonada. Recuerda el coche que ha estado a punto de atropellarlo antes. Con esa, ya van dos las veces que ha conseguido salvar el pellejo de milagro en el día de hoy. Se enjuga una lágrima que ha logrado emerger sin previo aviso y rodar hasta su mejilla. Recuerda el día de hoy como a flashes, en imágenes que se resisten a ser ordenadas acorde a una secuencia temporal. Una de ellas le muestra cuando Roberto se echó a sus brazos.

Fuera hacía mucho calor. Recuerda haberse sentido orgulloso y feliz de poder mostrarles a María, Emilio, Sofía y el resto de los que se hallaban arremolinados en torno a él su saber de mundo aplicado a sus conocimientos acerca de la ciudad.

Esa felicidad se ha tornado agridulce tras los acontecimientos recientes. Se saca el paquete de tabaco del bolsillo del pantalón, lo abre, se pilla uno, se lo lleva a los labios, su lengua roza la boquilla, sabe amarga, se lo enciende, aspira con fuerza y expulsa el humo, que asciende al azul del cielo haciendo espirales negras. Siente como parte de la tensión y el agarrotamiento abandona su cuerpo y se esfuma. Un escalofrío le recorre la espalda.

Debían ser sobre las doce del mediodía, se hallaba en el segundo piso del Museo Nacional del Bardo con un grupo de turistas italianos. Les estaba contando la historia de uno de los cuadros. De pronto, se oyó un golpe contundente. Lo primero que pensó fue que algo debía de haberse caído del techo, y así se lo comunicó a su grupo de italianos para tranquilizarlos. Ellos, no obstante, no compartían su opinión. Alguien mencionó que estaban siendo atacados por terroristas. Pero Hamadi, hasta que no se hubo asomado por las escaleras que daban al piso inferior y vio los boquetes que habían dejado los disparos en las paredes, no quiso creer lo que se evidenciaba ante él. Se agarró a la barandilla; le temblequeaban las rodillas. Se agachó. Los extranjeros siguieron su ejemplo.

Miró hacia atrás. María se hallaba a la cabeza de la comitiva. Bajo los efectos de la adrenalina que su cerebro le acababa de administrar a su cuerpo, se mantenía ojo avizor, en alerta máxima, procurando a toda costa evitar caer presa del pánico. Estaba a punto de que se le saltaran las lágrimas y eso habría sido catastrófico. La gente a su cargo lo encañonaba con la mirada, como suplicándole que les guiara a la salida de aquella pesadilla.

De repente, reaccionó. Se apartó de la escalera, se irguió y, con sigilo riguroso, se dirigió a la salida de emergencia del piso que se hallaba a pocos metros de distancia. Su grupo de italianos lo siguió. Empujó la puerta y se precipitaron hacia el exterior. Lograron llegar al aparcamiento y, con frenesí y el rostro desencajado, jalaron hasta alcanzar el autocar turístico con el que se movían. Durante la carrera, Hamadi tuvo ocasión de comprobar que el suelo se hallaba sembrado de casquetes de bala. Recogió unos pocos por el camino y se subió al vehículo. Una vez que se hubo asegurado de que no faltaba nadie por trepar al autocar, le indicó al conductor que los llevara al Puerto de la Goleta. Justo antes de perder el edificio de vista, llegó a ver a los terroristas saliendo del museo.

Con cada calada, Hamadi se siente volver en sí. Se palpa el bolsillo del chaleco que contiene los casquetes de bala. Los saca con mano temblorosa. Se los acerca a la nariz e inspira su olor a pólvora. Mira a su alrededor, se cerciora de que nadie le está prestando atención y los entierra en la tierra en la que se encuentra plantada la palmera que se yergue ante él en medio de la acera. Su rostro dibuja una sonrisa; ha logrado pasar desapercibido.

 

Othman Benneila, Tunisian author
El autor, Othman Benneila:

Nació en Túnez capital en septiembre de 1981. En 2007, se licenció en Filología Árabe por el Ecole Normale Superieure de Túnez. En 2015, compitió en la categoría de prosa poética del premio literario Naji Naaman y fue nombrado finalista. Tiene publicadas dos antologías de microrrelatos: No era para tanto, Editorial Lilith, 2015; y El laberinto, Editorial Melad, 2017.