Todo a su debido tiempo

Entrance to the walled city, Oujda, Morocco

Esta historia se remonta a cuando, con cuarenta y pico abriles, Leila decidió aprender a leer y escribir.

Leila se podía considerar una mujer afortunada. Estaba casada con un hombre que la amaba locamente y que seguía sintiéndose atraído por ella, pese a que ella ya no presentaba la apariencia física de antes de dar a luz a sus tres retoños.

Aunque su marido, Majnun, solía colmarla de atenciones y no escatimaba en piropos para mostrarle lo mucho que la quería, una vez que sus hijos se hicieron mayores y abandonaron el nido, decidió empezar a acudir una vez a la semana a un centro de alfabetización para mujeres de todas las edades en aras de lograr mantener a su hombre interesado en ella.

Empezó, pues, a asistir a las clases y, al cabo de un tiempo, su marido comenzó a notar cambios en su comportamiento. Sentía que lo rehuía, como que evitaba encontrarse con él a solas. Además, parecía hallarse ...Leer más

Eco en el desierto

Merzouga, Morocco

Lágrimas resbalan por sus mejillas y caen al suelo, donde forman un charco sobre el que se abalanzan los pajaritos. En el desierto de Merzouga, no se desperdicia ni una gota de nada que fluya.

Ella:

—Los hombres no lloran.

Él:

—Como el cielo, y así nos va.

Ella:

—No pienso volver, que lo sepas.

Se han criado lado a lado, en el espacio comprendido entre la palmera y el olivo. No obstante, no fue hasta que cayó la noche de su trigésimo cumpleaños que se juntaron y él le hizo una promesa. “Cuando te pierdas en el desierto, sigue mi voz.” Al día siguiente, ella le confesó que le había ayudado a escapar de una pesadilla. Tal vez sea esa pesadilla lo único que los une de veras.

Coge una silla de madera del interior y se sienta en el jardín a fumarse un cigarrillo. Supo que había ocurrido algo en cuanto lo vio aparecer. Muhammad sólo acude a él para darle malas noticias y hacía ya tiempo que no se pasaba a ...Leer más

La vendedora de suerte

Tafoughalt, Morocco

En el villorrio de Tafoughalt, que es apacible hasta límites insospechados, las novedades son asaz bienvenidas. De resultas, a los dos día de que llegara a nuestro pueblo la anciana que se anunciaba a sí misma como vendedora de suerte, la noticia ya se hallaba en boca de todo el mundo.

Vestía una túnica oscura hecha jirones, se valía de un bastón para andar y siempre llevaba bajo el brazo un trozo de papel amarillento del que se rumoreaba que se trataba de un contrato que había firmado tiempo atrás. La muy bruja parecía haber logrado engañar al paso del tiempo. En vez de adquirir definición con los años, sus rasgos faciales parecían haberla ido perdiendo. Gustaba de pegarse largas caminatas campo a través por las afueras del pueblo cuando el calor se volvía soportable. A veces, se paraba a escuchar el trinar de los piopíos. Con la sonrisa tonta y la mirada perdida que lucía en el rostro, daba la impresión de hallarse hueca por dentro. “Tan hueca ...Leer más

Chauen, 1936

Ganador del segundo premio del concurso literario “Dos mil noches y un amanecer”

Corre, descalzo. Sus dos perseguidores le pisan los talones. Vista desde arriba, la ciudad parece de color blanco, pero, a pie de calle, las paredes y las puertas de las casas se revelan azul zafiro. Para darles esquinazo, trata de elegir las callejuelas por las que se mete de forma que su trayectoria parezca lo más aleatoria posible. Al mismo tiempo, no obstante, no puede permitirse olvidarse de por donde tuerce cada vez, pues teme que, de perderse por el laberíntico entramado de las travesías de esta localidad, ni el Altísimo pueda mostrarle la salida.

Lo probable es que los fundadores de esta ciudad también se hubieran hallado huyendo de algo. De lo contrario, no se habrían molestado en construir la ciudad sobre un desfiladero; en vez, la habrían erigido en un valle o a la orilla de un río.

Lo bien que le vendría en estos momentos poseer en la cima de un pico una ...Leer más

Esa pócima con pinta de cortinaje opaco que deja un regusto amargo

Argana cafe and Yemaa el Fna square in Marrakesh

Tomo el café solo, sobre todo si es de buena calidad, como el que sirven en el café Argana, que es una cafetería chulísima a la que, desde que mi esposo y yo nos prometimos, acudimos cada vez que visitamos Marrakech. Nos gusta sentarnos en la terraza para poder asomarnos a la bulliciosa plaza de Yamaa el Fna, que nos trae recuerdos de nuestra historia compartida. A mi esposo, Arif, el sitio le chifla. De hecho, hizo en su momento un documental sobre los cafés de la plaza en el que el café Argana jugaba, como no podía ser de otro modo, el papel protagonista. Asimismo, varios de los relatos que ha escrito acerca de cómo nos enamoramos el uno del otro están ambientados en este café.

Aquel día, habíamos ido al café Argana, nos habíamos sentado en nuestro sitio habitual, habíamos pedido unos refrescos y, mientras los niños brincaban a nuestro alrededor, nos habíamos puesto a charlar de lo divino y ...Leer más

Ilusiones truncadas

Argana cafe, Marrakesh

No hay palabras para describir lo escalofriante que fue lo que ocurrió. Fue como si un meteorito colosal hubiera caído del cielo y se hubiera estrellado en el lugar más bello de todo Marrakech. La gente de la calle no tardó en arremolinarse en torno al lugar de los hechos y a especular acerca de lo sucedido, llevándose las manos a la cabeza:

-He sentido cómo la tierra temblaba bajo mis pies.

-Ni que hubiera explotado un almacén de bombonas de butano.

-¡Qué chungo! A saber que habrá pasado.

-Dios nos asista.

Yo acababa de salir de la mezquita Kutubía, a la que había ido a hojear los anales que documentan la historia de las ilustres dinastías de los almorávides y los almohades. Me hallaba cruzando la plaza de Yamaa el Fna cuando oí la explosión. Iba de camino a recoger a Murad, mi amigo de la infancia, al que había dejado en el café Argana dos horas antes haciendo manitas con Jaqueline. Tenían ...Leer más

El molino

Rio Martin Tanger Tetuan Morocco

Saleh, el molinero, se hallaba frente a la puerta de su molino con la vista clavada en el horizonte. Para su regocijo, el cielo vaticinaba tormenta. ¡Por fin! Tenía pensado comerse el mundo. Aquel iba a ser un año como Dios manda.

Había implorado al Señor que suturara las heridas de la tierra con el agua del cielo para que los cereales germinaran. Finalmente, Dios parecía haber escuchado sus plegarias. En la bóveda celeste comenzaron a acumularse unas nubes negras que, al poco, se descargaron sobre el pueblo. Se puso, pues, a llover a cántaros. Todo el mundo volvió entonces la mirada hacia los cultivos. Las semillas no tardaron en echar raíces y, poco más tarde, las primeras plantas empezaron a despuntar. El caudal del río que irrigaba los campos de la comarca creció hasta casi desbordarse. Aquello congratuló al molinero, que sonrió encantado de la vida.

El molinero se sentía optimista. Tenía pinta de que aquel año su molino iba a estar operativo para moler ...Leer más

La lucha de la calzada

Chemaia

Estaba tomándome algo en la cafetería “La Rosa Roja” cuando me enteré de la noticia: El Peregrino Guevara había besado el suelo tras tropezar con uno de los hoyos de la calle La Marcha Verde. Antes de comenzar a desglosar las implicaciones que tuvo dicho accidente, quisiera poner a mi audiencia en antecedentes de dos historias: la primera gira en torno al nombre de la cafetería y la segunda, en torno al nombre del peregrino.

“La Rosa Roja” es una de las cafeterías más nuevas de la aldea, que es la típica aldea que hasta los años ochenta del siglo pasado no contaba con más de diez habitantes. Su historia se halla estrechamente ligada a la del Peregrino Guevara y a la de su sobrenombre. Ahora es su hijo menor, Omar AlMahdi, el que regenta el local y lleva las cuentas. El mayor, AlMahdi Omar (al Peregrino Guevara le pareció que tenía su aquel poner a sus hijos el mismo primer y segundo nombre, pero invirtiendo, ...Leer más

Recordar a intervalos para recordar con cariño

Quaà Asserasse, Marruecos

Me sentía desfallecer con cada paso que daba. Las rodillas habían comenzado a temblequearme. Me hallaba siguiendo el curso del río para llegar a la casa donde nací, que ...Leer más

Se sueña en balde

Casa Blanca

En su reloj dieron las diez y media de la noche. El señor Nostalgia se encontraba solo en la calle en penumbras, rodeado únicamente de sus bártulos. Una fuerza desconocida lo había remolcado hasta aquel lugar. Frente a él, se erguía un edificio que desprendía cierta familiaridad. Esperaba que la sensación de relajación que le transmitía lograra enfriar la bola de fuego que sentía arder en su interior. Asomó la cabeza por el portón de entrada.

Minutos más tarde se encontraba en el interior de la casa de Vida. Había llegado hasta allí siguiendo un aroma que, como una hebra de luz, lo había guiado por el tramo de escaleras. Se echó a los brazos de Vida y, acurrucado en su regazo, se sintió renacer con el mundo a sus pies. Ella se quedó estudiando su semblante, tratando de entrever su lado bueno, o, por lo menos, el que a ella le caía en gracia. Durante todo el tiempo en ...Leer más