La ventana que le abren a uno cuando le dan puerta

View from the car window of a road in Cairo, Egypt

Con la vista borrosa y los ojos como puños de haberme anegado en llanto, salí del edificio y corrí hacia el coche, que, por lo menos, tenía aparcado a pocos metros de la entrada. A punto estuve de tropezar y pegarme un porrazo. Me subí al coche y arranqué. Tenía que salir de allí como fuera. Ya tendría tiempo de decidir hacia donde poner rumbo más adelante.

No entendía cómo era posible que me hubieran despedido, con lo que yo me había volcado en ser la mejor empleada de toda la empresa, la de éxitos que jalonaban mi carrera profesional y la de elogios que había recibido de mis jefes por los excelentes resultados que había ido obteniendo a lo largo de los años que había pasado trabajando para ellos. No podía dejar de preguntarme qué era lo que, a sus ojos, me hacía meritar semejante ultraje a ...Leer más

La verdad amortajada

Panoramic view over the city of Constantine, Algeria

Constantina, 1958

Un joven oficial francés entró en un bar del casco antiguo y se pidió algo de beber. Había tenido un día muy largo.

Constantina se emplaza a ambos lados del barranco del río Rhumel y sus siete puentes se yerguen a considerable altura del fondo del acantilado. Se trata de una ciudad histórica que se distingue por su prestancia, a lo sumo, comparable a la de la diosa Ishtar.

Su valor estético no admitía discusión. La tensión que se respiraba en el ambiente de la ciudad le restaba, no obstante, bastante de su atractivo. Las circunstancias en que la había descubierto distaban muy mucho de ser las idóneas y él no había contribuido precisamente a mejorarlas. No estaba particularmente orgulloso de lo que se había visto impelido a hacer para ascender en la cadena de mando, pero su trabajo no consistía en cuestionar las órdenes que recibía de arriba y, en lo que a él ...Leer más

Criaturas aladas de ralea variopinta

Idlib, Syria

La mañana en que el cielo quedó encapotado por una nube de humo, el aire quedó saturado de la pestilencia que desprenden los cadáveres y los ensordecedores alaridos que profirió la multitud ahogaron cuanto pudiera haber gestado un discurso hilado, el sol había salido como todas las mañanas, más dispuesto a brillar radiante si cabe.

Las festividades daban comienzo al día siguiente y el mercado se hallaba a rebosar de gente (mujeres, ancianos, niños y toda la pesca). Se había creado una atmósfera jovial y agradable. Yo me encontraba allí con mi hijo. En otras circunstancias, tanta animación me hubiera crispado los nervios. Resulta, pues, que no soy un gran entusiasta de ambientes ruidosos. En aquella ocasión, no obstante, poder apreciar lo contento que se le veía a todo el mundo hacía que el jaleo circundante no me molestara tanto.

Me quedé contemplando el olivo que se erguía en la plaza y me puse a fantasear con la perspectiva de que a mis hijos, al crecer en torno suyo, se ...Leer más

La letra del canto de sirena

Juliyana Beach, Benghazi, Libya

Me senté en una cafetería a contemplar el atardecer sobre el mar, que se hallaba en calma. A esa hora, casi todo el mundo había emprendido ya el camino de vuelta a casa. Por la ventana abierta del café, llegaba el olor a pescado frito de los chiringuitos de playa, y eso que apenas corría nada de aire. De fondo, sonaba música de cámara. Me puse a leer un libro sobre la historia de Libia y, de pronto, di con un párrafo que me llamó especialmente la atención. Rezaba:

“Cuenta la leyenda que Playa Juliyana le debe su nombre a la hija mayor del cónsul inglés que tenía Libia en 1850. Al parecer, la joven, que era un auténtico bombón rubio de diecisiete primaveras al que todo el mundo adoraba, se fue un día a pegar un baño al mar y se ahogó. Fue precisamente para honrar su memoria que se le cambió el nombre a la playa donde el mar devolvió su cuerpo.”

Para ...Leer más

La gaviota, divina como ella sola

Port El Jebeha, El Jebha, Morocco

La gaviota clavó su mirada en mí y el tiempo se detuvo. De pronto, comenzó a faltarme el aire. Mi alma se me figuraba, de golpe, corpórea, tridimensional, de ancha como el cielo y de profunda como el mar. Con el miedo que me dan las alturas, jamás pensé que llegaría el día en que, por desentrañar lo que encierra la mirada de una gaviota, estaría dispuesto a encaramarme a un estrecho muro de cuatro metros de altura y ponerme a hacer equilibrismos sobre él.

Las olas rompen en el embarcadero. La Playa de las Gaviotas es, en lo que a mí respecta, una auténtica joya. Es prácticamente virgen. Tan sólo la frecuentan unos pocos pescadores, las mujeres que se han quedado suspirando en la orilla por el retorno de sus maridos, que se aventuraron en su día a adentrarse en alta mar, y los jóvenes que se sientan en la arena a fumar canutos y rumiar acerca de su ...Leer más

Gracias

Nablus, West Bank

Gracias.

Dos montes, el Ebal y el Gerizim, uno frente al otro, uno oscuro y deshabitado, y el otro, poblado y animado. Los caminos se hallan infestados de apóstatas que ahora se dedican a aullar al vacío y sólo los lugareños saben cómo sortear sus emboscadas. Desde donde se encuentra, se ve la ciudad que se extiende en el valle. Sus luces brillan, ora como fuegos fatuos, ora como la bisutería engastada en un vestido de novia. Las nubes que se deslizan sobre ella se tornan del color púrpura de lo derramado en pos de la independencia.

Se había pasado los últimos años haciendo oídos sordos al grito de auxilio de su gente, todo para, al final, darse la vuelta un día y hallarse completamente sola. Fue entonces cuando decidió regresar a la ciudad de la que conservaba un recuerdo agridulce. Había sido un arduo camino de vuelta y tener que escalar hasta la cima del monte no había ayudado a efectos de aligerarle la carga que llevaba sobre los hombros. ...Leer más

Corazón robado

Khenifra, Morocco

No sabría decir cuándo fue exactamente que me enamoré perdidamente de Oum Er-Rbia, el río que atraviesa Jenifra, mi ciudad. Tal vez fuera una de esas tardes que pasé a sus orillas con mi familia o tal vez la primera vez que probé la carne de uno de los peces que nadan en sus aguas. El caso es que, siempre que me sentía flojo de ánimo, escogía uno de los cinco puentes que hay en mi ciudad para pasar la tarde contemplando el río desde él, esperando que la cadencia de la corriente me purgara el espíritu y la moral.

Así es como la conocí a ella, pues también gustaba de echar la tarde mirando al infinito sobre un puente. Fui yo quien inició conversación. Se llamaba Nisreen, se hallaba cursando bachiller y vivía cerca del río, aunque se decantara por observarlo desde un puente.

Una noche de invierno que llovía a cántaros, se desbordó el río y sus aguas inundaron el primer piso de todas las casas ...Leer más

Inocencia incólume

Esta historia se halla inspirada en la masacre que he visto en las noticias que ha ocurrido en Mabuja, que es un pueblecito sirio con mucho encanto que tuve el placer de visitar en el viaje que hice al país años atrás.

Me balanceo suavemente con mi angel de tres añitos recién cumplidos en el regazo, en un intento de sosegarla y adormecerla. No ayuda que las paredes sean de papel y fuera se esté desatando una hecatombe de proporciones bíblicas y niveles de decibelios por las nubes. Una explosión hace temblar la casa y despierta a mi niña, que prorrumpe nuevamente en llanto. Me pongo entonces a cantarle en voz baja, al tiempo que le acaricio su sedosa cabellera. Me envuelve el dedo con su manita, me mira con ojos inundados en lágrimas y me lo estruja. Yo asiento con la cabeza; sé que es su forma de suplicarme que la mantenga a salvo. El ataque a nuestro pueblo ha comenzado al caer la noche. Yo me he despertado ...Leer más

Doña D.

Markaz Tama, Sohag Governorate, Egypt

Había caído todo lo bajo que se puede caer, no una, sino varias veces, y caídas como las que ella había sufrido dejan cicatrices.

Todas las noches volvía a replantearse la conveniencia de quitarse la vida. No obstante, siempre acababa, en el último momento, prefiriendo encomendarse al Altísimo. Él la guardaría del mal que la acechaba desde el otro extremo del pasillo. Ruhiya, su compañera de piso, era pues una mujer insólita y, a todas luces, de poco fiar. Se pasaba un tercio de las noches en vilo, observando el movimiento de los astros y balbuciendo conjuros en una jerga que tenía todos los visos de instrumento de Satanás. Las mujeres del pueblo acudían a ella con cierta frecuencia para pedirle asesoramiento y consultar con ella lo que las atribulaba y pesaba sobre la conciencia. A cambio de sus servicios, le suministraban mazorcas de maíz o algo de trigo, que es un bien escaso por estos lares, así como gas para mantener encendidas sus lámparas de ...Leer más

Wadi el Kuf

Wadi el Kuf, Lybia

En una noche de luna llena, aunque especialmente tenebrosa, se reunieron los brujos más poderosos del mundo en un lugar secreto del fondo del valle que se conoce como Wadi el Kuf. No era una noche cualquiera; era la noche en que, en virtud de lo que estipulaban sus códigos de conducta diabólica, los brujos confiaban en que se abrirían las puertas del infierno. Supuestamente, esto ocurría sólo una vez cada mil años, por lo que se trataba de una ocasión muy especial. Sus fuentes no precisaban la fecha exacta en que este acontecimiento se suponía que había de ocurrir, pero todo indicaba que aquella era la noche en cuestión, pues la gente había perdido toda noción del bien y el mal, y se había acabado plegando a la voluntad de la mayoría y conformando con la realidad tal cual se presentaba ante ellos.

Los brujos bendijeron la tierra a sus pies y, seguidamente, se pusieron a recitar sus encantamientos. A continuación, les tocaba a los tres brujos ...Leer más