Comentario a “Junto al puesto de la vendedora de té” por Milagros Oregui Navarrete

Mare Nostrum

Daré a este cuento mi lectura, que es la extraída del psicoanálisis. Mi aportación a la mirada de esta realidad narrativa trata de desvelar el reverso oculto de la historia, debido al divergente destino de la necesidad y las pasiones humanas, reprimidas y resistentes, a la domesticación civilizadora. El sufrimiento psíquico está habitado por lo ausente, que evoca la verdad de la resistencia subjetiva al pleno sentido del lenguaje impuesto.

Este cuento es una verdadera revolución, porque conecta con esta cara oculta, presente en lo embriagador de un lenguaje.. incitaba a consumir. Nos pone ante el enigma de la docilidad, junto a la brutal cohesión, de un modelo de plenitud que tapa, lo invisible. El mercado lleno del sentido de la in-existencia, es una presencia fantasmal, que sustituye lo que no existe y se apodera del…agotamiento que llevaba encima, no podía confiar…Ante el desamparo radical, uno se entrega a la desmemoria, es una adicción, que centra el abandono de la vida, al poder, rehenes de la supervivencia.

Este hermano sudanés hace un feliz descubrimiento, y nos invita a participar del gusto de dar palabras, para enlazar algo de verdad en la narración de la vida, que nos espera a la sombra del mercado. El misterio que le da vida late en su pregunta, …¿Y quieres saber lo que dice la canción?

Aquello que late a la sombra del olvido es la angustia, ¿cómo es posible que seamos cómplices de nuestra desaparición?

Este es el singular enigma del relato, algo es posible aquí, que rompe el espejismo del ser totalmente esclavo. Lo posible es hacer la experiencia de tomar partido, radicado, en palabras: ni llenas, ni vacías, que narran lo personal de la herida, que nos hacen ver lo perdido, para no entregarlo al poder..del abandono de sí.

Que si, en vez de ser un santo y estar venga a portarte como un bendito ..

Nos cuenta esta voz narrativa, que lo sombrío ciega al indefenso. Lo cautiva embriagado con aromas de presencias plenas, ahogando el placer de recordar el verdadero sentido de estar vivo. Es un gusto escuchar, cómo hace vibrar lo ausente en el entramado del cuento. Tras la cortina de calma chicha de una cotidianidad ruinosa hay un horizonte: ¿Cómo era posible? Se me había olvidado toda la compra que había hecho en el mercado… Y nos convoca a compartir junto al mercado otra vida, la que nos relaciona fraternalmente, desde la memoria de lo perdido, y nos hace contar nuestra historia.

Lo que este relato nos deja escuchar está en lo que no se dice, lo que revela el olvido es la identificación con el agresor. ¿Cómo es posible que sea cómplice de mi desaparición? La verdad aparece en quien es capaz de mirarse al espejo para dar voz al asombro. Cada uno halla su verdad en la alteración de su dolor, que, al ser encarado, nos hace pararnos a pensar en su poder.

En este mercado se vende: ¿comida para sobrevivir? ¿o alimentos para saturar la mirada, acallar las voces, y agotar las mentes con melodías que drogan? ¿Qué culpa muda me avergüenza? ¿Qué violencia enterrada me arrebata? ¿Cómo es posible (se pregunta el protagonista) que me haga trampa y use mi decir para desdecirme? Sin embargo, el autor hace posible el encuentro en otro horizonte, que cuenta cómo el cultivo de la memoria da nombre a la compra, a las bolsas, al hastío y a quien las hace suyas. En este cuento escuchamos evocaciones de unos hombres sin nombres, que son personas que se encuentran en un olvido que nos hermana.

 

Versión original.

Escrito por Milagros Oregui Navarrete.