
Me duele que no quieras hacerme partícipe de tus aventuras. Llevo ya un mes sin recibir noticias tuyas. Tienes el teléfono apagado y ni me devuelves las llamadas ni respondes a mis mensajes. Me hallo tan fuera de mí que llamo a mi madre sin siquiera atender a la hora que es. Nada más descolgar el auricular, me pega un bufido. La he despertado. No tiene ni idea de dónde podrías estar, con lo que no sólo no logro avanzar en mis pesquisas por dar con tu paradero, sino que además me tengo que morder la lengua cuando, a renglón seguido, me lee la cartilla por haber hecho caso omiso a sus advertencias acerca de irme a vivir contigo. Cuelgo y me pongo a hojear mis antiguos cuadernos en la esperanza de encontrar algún garabato que me permita revivir los buenos momentos que compartimos. En efecto, enseguida detecto tu aroma, que se había quedado atrapado entre las páginas. Lo inhalo y trato de retenerlo durante el máximo tiempo posible. Al fin y al cabo, ...Leer más








