Reencuentro con deje de despedida

Tablat, Algeria

Recorres la alameda. El aroma del entorno te lava la memoria. La luz de un día despejado baña las montañas y el agua brinca por los despeñaderos recitando una letanía lírica. Del desierto, una brisa tropical acude a azotar la superficie terráquea. Convoca al espíritu de la nostalgia. La nevada que cayó ayer ha silenciado al mundo. Los almendros han comenzado a florecer.

Tablat ofrece una calurosa bienvenida a los recién allegados, que se parecen a las aves migratorias en tanto que no se dejan arredrar por las distancias a cubrir para establecer su domicilio temporal en un sitio o en otro y que se rigen por las estaciones a la hora de elegir hacia donde emprender rumbo.

Te rocías perfume sobre la ropa. A una cita quieres ir oliendo bien. Tratas de refrenar tus pasiones. No quieres que se te note que ella te pone nervioso. En el guión, pone que estáis hechos el uno para el otro. En el soportal que da a tu casa despuntan rosas, delicadas, como tu corazón. Al salir de casa, cierras la puerta con cuidado de no pegar un portazo para no asustarlas. Con ...Leer más

El chaval y la fortaleza

Bordj El Kiffan Algeria

Ahmed, a sus seis abriles, ya está hecho todo un machote de mente despierta, curiosidad pujante, imaginación galopante y cándidos rasgos faciales. Reside en la ciudad de la fortaleza de alto copete erigida junto al mar en medio de una playa de dunas de arena fina que recibe el nombre de “Bordj El Kiffan”, que, por estos lares, se deja en la versión apocopada de “Bordj”. Fue construida por militares hace varios siglos, durante el imperio otomano. En otro tiempo, era defendida por todo un escuadrón de soldados que se colocaban al pie de los suntuosos cañones que, asomando el morro por las almenas, aún coronan la estructura y acerca de los que a la sazón circulaba una plétora de leyendas de terror destinadas a mantener a los moros lejos de la costa.

Su imponente silueta se recorta contra el azul soñador que casa una tonalidad celeste con una marítima. Su misión consistía en atalayar las aguas para evitar que ningún forajido que, de lejos, pudiera haberle echado el ojo a la joya que se extendía tierra adentro se aventurara a soltar amarras y acercarse en bajel pirata ...Leer más

Turbante añil

Hoggar Mountains, Algeria

Sus ojos arrojan por entre los pliegues de su turbante añil una mirada asendereada que se posa en el espejo retrovisor. De pronto, el mundo entero parece girar en torno a lo que encierra esa mirada que se pierde en el horizonte que dejamos atrás. Se halla ocupando el asiento del copiloto para indicar al conductor cómo llegar al macizo de Ahaggar.

Los minutos se nos conceden con cuentagotas. La sinuosa pista de tierra por la que conducimos se extiende infinita ante nosotros. Por la ventanilla, las dunas del desierto se dejan ver componiendo el paisaje. Para que el trayecto no se me haga tan plomizo, fijo la vista en el reflejo del rostro velado de Azuz que cristaliza en el espejo retrovisor. Además, necesito romper el hechizo que ejerce sobre mí su mirada, aunque, en el fondo, sepa que de nada sirve, pues, cuanto más la estudio, más se me escapa, más me atrapa, y lentamente me voy hundiendo en el piélago de sentidos que comporta. Me retrepo en el asiento y, de pronto, nuestras miradas se cruzan. Azuz se ha incorporado para meter un ...Leer más

¿No es cuando cae la noche que se dejan ver los ladrones?

Ain El Kebira, Algerian countryside

Me hallaba doblando ropa cuando, de pronto, vi un trozo de papel entrar volando por la ventana abierta y caer a mis pies. Me agaché, lo recogí del suelo y advertí que contenía una nota que decía:

“Trepa que te trepa, tras el bosque.”

Debajo, figuraba una nota al pie:

“Lucas 9:11”

Me metí en Internet para consultar la Biblia online. El versículo en cuestión rezaba:

“Pero cuando la gente se dio cuenta de esto, le siguió.”

Aquel mensaje me tenía súper intrigada, por lo que decidí ponerme a investigar su significado, empezando por dar con el paradero del lugar al que hacía alusión.

Había quedado con una amiga para el día siguiente. En principio, teníamos previsto pasarnos el día comiéndonos los mocos, pero, a la luz de los recientes acontecimientos, se me ocurrió llamarla para proponerle un plan mejor.

-¡Hola, Tina! ¿Cómo andas?

-¡Hola, Emma! Tengo novedades.

Por un instante, dudé si contárselo. Pero ella enseguida se percató de mi vacilación y me instó a que continuara hablando.

-Me he encontrado un mensaje críptico escrito en un trozo de papel amarillento. ¿Te acuerdas del extranjero aquel? Creo que es quien me lo ha hecho llegar. Tenemos que ponernos ...Leer más

Enamorado de la costa africana

Le parc archéologique de Tipaza

Yo soy de Tipaza. Me crié y curtí al calor de la sabiduría que distingue a su bienaventurada gente, que, pese a ser de costumbres rudimentarias y talante sencillo (es lo que tiene dedicarse a arar el campo), se puede jactar de ser honrada. Sus restos arqueológicos de época romana y su gran bagaje cultural en términos generales han conferido a la ciudad un nombre a nivel internacional, y ya son muchos los turistas que la visitan todos los años.

Tengo por costumbre invitar cada año a un amigo mío a pasar las vacaciones de verano en mi ciudad conmigo y mi familia. Este año, ha venido a visitarme una persona de fuera de Argelia por la que siento mucho aprecio. Se llama Omar al-Halbi y es un ciclista sirio al que conocí en el Gran Tour de Argelia, durante el que, gracias a la oportunidad que le brindó el circuito de apreciar la belleza de la región, se quedó prendado de mi ciudad. Le invité para que, en esta ocasión, pudiera detenerse a disfrutar de cuanto tiene para ...Leer más

El vacío que deja un cuerpo

Port of Tipasa, Algeria

Me duele que no quieras hacerme partícipe de tus aventuras. Llevo ya un mes sin recibir noticias tuyas. Tienes el teléfono apagado y ni me devuelves las llamadas ni respondes a mis mensajes. Me hallo tan fuera de mí que llamo a mi madre sin siquiera atender a la hora que es. Nada más descolgar el auricular, me pega un bufido. La he despertado. No tiene ni idea de dónde podrías estar, con lo que no sólo no logro avanzar en mis pesquisas por dar con tu paradero, sino que además me tengo que morder la lengua cuando, a renglón seguido, me lee la cartilla por haber hecho caso omiso a sus advertencias acerca de irme a vivir contigo. Cuelgo y me pongo a hojear mis antiguos cuadernos en la esperanza de encontrar algún garabato que me permita revivir los buenos momentos que compartimos. En efecto, enseguida detecto tu aroma, que se había quedado atrapado entre las páginas. Lo inhalo y trato de retenerlo durante el máximo tiempo posible. Al fin y al cabo, es todo cuanto me queda de ti. ...Leer más

El puente de Sidi Rached

Pont Sidi MCid, Constantine, Algeria

Pende, como el puente, del aire y su inconsecuente consistencia, que la mantiene enajenada, entre un pasado y un presente enfrentados. El arrullo del viento la mece y ella se acurruca en su regazo. Suspira y se aleja, por inercia, como un balón que se desinfla, lo justo para que él pueda alcanzarla nuevamente. Le agrada saber que, si se precipitara al vacío, él la dejaría caer. No sabría decir si llueve cuando ella llora, o si es únicamente cuando llueve que ella llora. Tal vez el cielo en su origen sólo quisiera ayudarla a disimular su tristeza, pero ahora ya no pueda dejar de estar triste para que cuando por fin logre verse que está triste pueda dejar de estarlo. La lluvia cae, armónica para ella, estridente para el resto de la gente de la calle, que aprieta el paso. Desafiando con su rostro lunar el temporal, permanece sentada, al tiempo que sigue el compás recitando la letanía de nombres que se le asignan al Altísimo. Al cabo de media hora, la tempestad amaina. Constantina sonríe. La tierra por ...Leer más

Celos locos

Ouargla, Algeria

Más que amarlo, lo veneraba, y era de natural posesiva de solemnidad. Un buen día, él le anunció que tenía un viaje de trabajo que no se podía saltar. Casi le da un síncope. Sólo de pensar en que habría de distanciarse de él, le entraban sudores fríos. Sentía que le faltaba el oxígeno y que su alma se avellanaba de imaginarse respirando un aire que no se hallara perfumado con sus feromonas ni gozara de la consistencia que acostumbraba a conferirle su aliento.

Iba a ausentarse durante toda una semana, siete días que a ella se le harían siete largos años. No se habían separado ni un solo día desde que decidieron unir sus vidas para siempre hacía ya tres meses. El Señor los había bendecido con una coyunda boyante. En los cuatro años que habían estado estudiando juntos en la universidad se habían hecho uña y carne. Ella lo amaba ciegamente, hasta el punto de no verle más que las virtudes, y él la amaba a ella, hasta el punto de estar dispuesto a dar su vida por ella.

Ella se pasaba el día esperando a que él regresara de ...Leer más

Somnolencia estival

Beni Hammad Fort, Maadid, Algeria

Me encontraba atajando la densa oscuridad en soledad. De tanto ansiar la claridad diurna, me pareció vislumbrar una macilenta luz rutilando en el horizonte. Me esmeré en hacerme a la pestilencia que exudaba el seboso cuerpo de las negrura nocturna, porque, por muy largo y estomagante que se enunciara el viaje, debía alcanzar mi destino. Avancé otro trecho y a mi mente acudieron imágenes de lo que amaba. De pronto, una voz ronca y cavernosa que parecía haber salido de la nada me preguntó por mi amada. Yo respondí pausadamente, intentando disimular mi desconcierto:

-Es agua pasada, o, más bien, agua estancada en el pasado, de esa que mata la fragancia de todas las flores presentes. Pertenece al vergel de las estrellas que siguen brillando pese a haberse extinguido, que nos infunden falsas esperanzas de estar ahí para responder a nuestros deseos cuando hace tiempo que han sido raptadas por el caballero de las tinieblas, ese jinete de aterciopelada armadura que salva distancias siderales para tendernos una emboscada a la vuelta de cada esquina. Un momento, genios, concededme ...Leer más

El respeto que se le debe al profeta Khaled

Sidi Khaled Argelia

Entré en la ermita y saludé. Un fámulo que llevaba una bandeja con un bol de dátiles y un vaso de leche salió a mi encuentro.

-Bienvenido al cenotafio del profeta Khaled.

-¿Profeta?

-Claro, ¿tú también estás a por uvas? Es el profeta árabe que pasó desapercibido hasta a su propio pueblo.

Sin dar más explicaciones, se marchó a atender al resto de los recién llegados. Yo me había topado con la ermita al perderme tratando de atajar para llegar a Biskra, una ciudad sita en Argelia. Mi mujer me había mandado a comprar dátiles. Lo cierto era que, llegado un punto, su constante lloriqueo se había vuelto cargante:

-Llevo con el gusanillo desde hace la tira y te recuerdo que no sale a cuenta desoír los antojos de las embarazadas, que luego la cría nace con una mancha en la frente con forma de dátil.

Regresé finalmente a casa con los dátiles y la cara de susto que se me había quedado de enterarme de la existencia de un profeta del que no había tenido noción previa. Seguidamente, me abalancé ...Leer más